Nuestra historia se remonta allá hacia finales del verano del 96.
Tan solo teníamos dos años, aunque no todos los habían cumplido aún.
El 15 de septiembre el colegio Portomagno nos abrió las puertas hacia un nuevo mundo donde creceríamos todos unidos por un gran lazo de amistad que aún pervive.
Recordamos nuestro primer día de clase. Algunos iban muy emocionados, otros no. Aquellas nuevas caras que se asomaban por la puerta de la clase. ¡Cuántas sonrisas dibujadas en los rostros de diferentes personas! Oíamos varias risas. Fue un momento tan agradable. Se extrañará.
De momento comenzamos a hacer amigos, y cada año que pasaba más numerosos éramos. También hubo momentos de tristeza, llegaron las despedidas, despedidas que nos rompieron en dos.
Aprendimos a convivir, a expresarnos, a escuchar y ser escuchados, a reflexionar, a compartir, y lo más importante, a querer.
Recordamos aquellos caballitos que nos hacían sentirnos como unos auténticos cowboys, que sentíamos que llevabamos el poder y que nuestros caballos corrían libres por el prado. Nuestros gritos se escuchaban por todo el salón hasta que de pronto la puerta se abría: eran María y Lali, ya venían ha enseñarnos los colores.
Llegamos a tres años, y más tarde a cuatro años Luisa nos enseñó grandes cosas, algo muy importen, ante todo ser grandes compañeros y saber compartir con los demás. Todo era maravilloso, nada de exámenes. ¡Ojalá pudieramos volver a esa infancia!
Con cinco años, todo cambió. Ya éramos ''mayores''. ¡Teníamos que aprender los números! En aquel tiempo nos resultaba muy difícil pero con una simple canción los aprendimos en un plis-plás gracias a Don Joaquín Méndez.
Un nuevo camino nos esperaba: la primaria. En esta etapa todo se complicó un poco, que si el abecedario, las sumas, las restas, las multiplicaciones, las divisiones y el inglés.
Realmente, aprendimos disfrutando gracias a nuestros maestros Doña Inma, Don Rafael y Don Juan.
Y por último, nos quedó un camino lleno de espinas complicado de traspasar, lleno de obstáculos. Pero, gracias a nuestros esfuerzos y al apoyo de muchos profesores, como D.Francisco, D.Joaquín, D.María, Julia, Nelida, Juanjo, Mª Loli, Merche, Yolanda, Teresa y Reme hemos salido adelante y estos cursos han sido como un abrir y cerrar de ojos, pues todo a pasado muy rapido como cuando un avión sobrevuela el cielo azul.
Para finalizar queremos dar las gracias a nuestra gran tutora Reme que nos ha enseñado un poco más de la vida, y nos ha hecho abrir los ojos ante muchos problemas y nos ha hecho sentir queridos.
¡GRACIAS!
Patricia y Juanfra
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